En un mundo donde las decisiones económicas influyen cada vez más en nuestra vida personal y profesional, la educación financiera ha dejado de ser un conocimiento complementario para convertirse en una competencia esencial. Vivimos en una era de innovación constante, mercados dinámicos y acceso inmediato al crédito e inversión. Sin embargo, sin fundamentos sólidos, estas oportunidades pueden transformarse en riesgos significativos.