En los últimos años, el Congreso de la República fue colocado en el centro de un relato que buscó enfrentarlo con la población. Se instaló la idea de que el Parlamento era el obstáculo estructural del país y que su sola existencia impedía el cambio. El control político fue presentado como sabotaje; la fiscalización, como conspiración; la división de poderes, como una traba frente a la voluntad popular. Bajo una autoproclamada superioridad moral, se difundió una narrativa que debilitaba los contrapesos mientras legitimaba la concentración del poder.
Suma democrática examina ese proceso a la luz de la crisis institucional más reciente y plantea una convicción clara: la libertad se pierde cuando el poder no encuentra límites. Aquí no se defiende a personas ni a coyunturas. Se defiende un principio republicano: que el poder necesita límites, que la representación importa y que convertir al Congreso en sospechoso permanente erosiona el Estado de derecho.
Las democracias no solo caen por golpes tradicionales. También se fracturan cuando el relato sustituye a la ley.
Este libro toma partido. No por una facción, sino por la República.