“Cuando mis alumnos me preguntan qué es la valentía, yo no les hablo de superhéroes con capa. Les hablo de Cocó, de Pitín, de Piter, de Pibe, de Doki, de Crispi, de Lázaro, de mi gran Lobo y de mi Gordo. Cada uno de ellos dejó una marca en el suelo de Huariaca y una cicatriz de amor en mi alma. Ellos me enseñaron que la amistad no entiende de razas, que la gratitud es un lenguaje universal y que el perdón es el regalo más grande que podemos dar.
Aunque muchas de estas historias terminaron con una despedida, ninguna terminó en olvido. En el jardín de mi casa, y en el jardín de mi memoria, todos ellos siguen corriendo. Sigo viendo a Gordo extrañando a Lobo (pero esa es una historia para otro día), y sigo sintiendo que "Huellitas de Amor" es el hilo invisible que nos mantiene unidos a todos: a los que estamos aquí y a los que nos cuidan desde el cielo de los perros”.