Los relatos reunidos en La calle de tierra, nos invitan a recorrer con sensibilidad cercana y honesta los caminos de la memoria, la infancia y la vida comunitaria andina. En cada historia late una verdad íntima: la niñez no es un territorio menor, sino el espacio donde se forjan los primeros asombros, los primeros miedos y las primeras lecciones sobre el mundo. El autor, con una prosa sencilla pero cargada de imágenes vívidas, logra que esos recuerdos personales trasciendan lo individual y se conviertan en experiencias universales.
Félix Quispe Osorio
Leyendo los cuentos de Omar Meza recordé las famosas aventuras de Tom Sawyer. El muchachito travieso e incorregible, personaje de Mark Twain, descubre el mundo adulto en San Petersburgo, un pueblito ficticio a orillas del río Misisipi, espejo de Hannibal, pueblo donde creció el autor. En los cuentos de Meza, el castigo a los desajustes a las normas sociales y la experiencia juvenil son propios del paso a la adultez. Los paisajes de Jauja, en los Andes del Perú, reemplazan a los de San Petersburgo, y el Mantaro al Mississipi. El gran acierto del autor es sin duda narrar con un lenguaje cercano al habla popular, sentir simpatía por sus personajes y, sobre todo, narrar con sinceridad.
Wari Gálvez Rivas