El éxito o el fracaso de un proceso penal no se define exclusivamente en la sentencia definitiva. Se construye desde los primeros actos de procedimiento, desde el contacto inicial de la autoridad con la persona sometida a investigación y a través de cada decisión en las etapas preliminares. En un sistema democrático, el juicio oral no puede convertirse en un espacio de convalidación de errores, abusos de control, sino que debe ser el resultado de un proceso previo de depuración rigurosa, guiado por reglas, garantías y decisiones judiciales fundadas. Bajo esta premisa se erige como un aporte central para comprender la ingeniería de control.