Esta obra es su tratamiento la comunicación y de la memoria judicial. Los autores analizan los efectos de primacía y recencia, explicando cómo el inicio y el cierre del juicio condicionan de manera decisiva la forma en que el juzgador procesa y valora la información. Enseña a hablar para ser recordados, promoviendo un lenguaje claro, un ritmo adecuado y una estructura compatible con las limitaciones cognitivas propias de la audiencia judicial. Esta aproximación no debilita el rigor jurídico; el contrario, lo refuerza al reconocer que la racionalidad de la decisión depende también de la forma en que la información es presentada y organizada.