El desarrollo de las regiones amazónicas ha estado históricamente condicionado por una sucesión de ciclos económicos extractivos que, aunque generaron periodos de crecimiento acelerado, no lograron consolidar bases sostenibles de desarrollo. En el caso de Loreto, la región más extensa del Perú, esta dinámica ha sido particularmente evidente: desde el auge del caucho en el siglo XIX hasta la explotación petrolera en el siglo XXI, cada bonanza ha reconfigurado el territorio, pero también ha reproducido patrones de dependencia, desigualdad y fragilidad institucional.