En un contexto social y profesional cada vez más dinámico y exigente, las competencias emocionales y las habilidades blandas han adquirido un papel protagónico en el desarrollo integral de las personas. Más allá del conocimiento técnico, la capacidad de comprender y gestionar las propias emociones, así como de interactuar eficazmente con los demás, se ha convertido en un factor determinante para el desempeño personal, académico y laboral. En este marco, la gestión emocional emerge como una habilidad fundamental para el desarrollo personal y el desempeño académico y laboral. En este marco, también resulta clave para fortalecer el liderazgo, optimizar la comunicación efectiva y afrontar de manera constructiva los conflictos interpersonales.