Hay personas que viven intensamente, como si supieran que su estadía en este mundo será breve. Sin embargo, sus pasos son tan firmes que dejan una huella imperecedera; son semillas que germinan una y otra vez. Así es como mi querido Francisco, mi hijo, sigue habitando entre nosotros. Dejo este legado para que sirva de inspiración: si tenemos la capacidad de soñar, es porque también tenemos la capacidad de hacer realidad esos sueños.