El lenguaje es lo que conocemos todos los seres humanos. Lo aprendemos desde que nacemos y empezamos a hablar. Que se pueda escribir es una agradable sorpresa para un niño. La oralidad tiene la posibilidad de una respuesta inmediata y la escritura la virtud de conservar lo que dice el emisor o autor. Hay autores literarios que empiezan muy jóvenes y otros que, más bien, lo hacen en su madurez, como Pirandello, que alcanzó el Premio Nobel. Eso es lo que ha descubierto Federico Alponte: ha sentido el llamado de la poesía y lo que no dice hablando ni escribiendo cartas, ahora brilla en la página en blanco, transmitiendo a otros lo más hondo, lo que tal vez ni él mismo conocía. La lírica se parece a la confesión, pero va más lejos: dice aquello que no sabemos de nosotros mismos. Y cuando lo personal toca las fibras de lo colectivo, todo es de una rara intensidad, el dolor, por ejemplo, el intenso sufrimiento.
Marco Martos.