Esta obra constituye un compendio fundamental que rescata las versiones primigenias y reinterpretaciones modernas sobre el origen del Cusco. A través de cinco capítulos, sistematiza crónicas del siglo XVI y XVII, destacando el testimonio de los quipucamayos de 1542, quienes ofrecen una visión nativa sobre la legitimidad de los incas. El libro trasciende la narrativa mítica para proponer una teoría sobre el poder político y la organización social andina, reafirmando la identidad cultural cusqueña como heredera de una civilización milenaria.