Nos encontramos con una poesía que conjuga la concreción de la experiencia cotidiana con atmósferas e imágenes que nos envuelven de manera fantasmagórica, y nos remiten a la lógica de lo onírico. La mirada de Lauren Mendinueta se vale de los espacios más entrañables —los pasillos de la casa, las puertas, las ventanas— y de la luz, a veces transparente, a veces inquietantemente sombría, para conducirnos a un mundo interior, íntimo, el de las sensaciones, los sentimientos y la memoria, tocado por la nostalgia, el desasosiego o la presencia acechante de la muerte.
Piedad Bonnett