En honor a la verdad y en aras de ser justo conmigo mismo, puedo afirmar categóricamente que tanto usted, sufrido lector, como este humilde servidor, morirán de todas maneras. No hay duda ni requiere mayores esfuerzos entender algo tan natural, siempre y cuando no sea por encontrarse en el camino de una bala equivocada, la carrocería de un vehículo o la mirada asesina de una mujer fatal.