Durante años se nos ha dicho que para ser mejores líderes debemos capacitarnos más. Más cursos. Más libros. Más herramientas. Más modelos. Y, sin embargo, algo no termina de funcionar.
Las organizaciones siguen llenas de personas técnicamente competentes, bien intencionadas y con currículos impecables, pero los equipos continúan desconectados, desmotivados o simplemente obedientes. Se cumplen los objetivos, pero se pierde el compromiso. Se ejerce autoridad, pero no se genera confianza. Se toman decisiones, pero muchas de ellas dejan un sabor amargo que nadie logra explicar del todo. La pregunta incómoda es esta: ¿por qué el liderazgo falla incluso cuando el líder «hace todo bien»? Este libro nace precisamente de esa pregunta.