Quizás nada duele más que el grito ahogado, la muerte y la derrota –las tragedias más grandes del ser humano–, pero también el amor. Ese amor que destruye y redime a la vez, que deja tras de sí un cuerpo torturado que se convierte en poesía.
El libro de Alexánder Hilasaca es una apología del dolor, donde "toda herida lleva en su memoria llanto y penumbra", pero también un tributo a un corazón que se niega a morir, que resucita una y mil veces entre las sombras, bajo los cuchillos y la pólvora. Es el aullido de una bestia herida hasta la muerte, de un hombre que, en su fragilidad y en estado agónico, "canta como una fiera" o se expresa con el lenguaje de la naturaleza torva y salvaje.
Tenga mucho cuidado al momento de desplegar estas páginas, pues este no es un libro, es un cuerpo que se abre "como una herida fresca y en escombros".