La modernidad, con su máscara de progreso, ha querido borrar las voces de lo “periférico”; pero ellas retornan, como cantos que atraviesan la piedra y la sangre. El ajayu colectivo desborda las categorías del pensamiento occidental, interrumpe la continuidad del progreso y revela que toda historia es también contra-historia. El texto El indio perdido de Churata se inscribe en la práctica crítica que busca desestructurar la hegemonía cultural occidental y devolverle voz al sujeto andino, erigiendo a Churata no solo como un autor, sino un “escribiente” que disloca el código dominante y produce un discurso plural, abierto, polifónico. Intelectual desestructurante que convierte la literatura en acto de insurrección ontológica. A través de la lectura concurrimos a la ritualidad de la estética churatiana, a la cosmogonía en constante geminación. La historia peruana está atravesada por una fractura: la exclusión sistemática de lo indígena. El presente texto cimenta aún más la imagen del “Zaratustra de los Andes” que no busca integrarse en la universalidad abstracta, sino abrir un horizonte distinto: el de una modernidad transmoderna, capaz de reconocer las raíces andinas como fuente de sentido. Su literatura es entonces un acto de liberación.