El libro inaugura su recorrido con la fogosidad del fuego. En sus primeros poemas la carne y la palabra se funden en una celebración del deseo, por eso la escritora apela a las metáforas que describe con un erotismo místico y totalizador. Aquí no existe espacio para la timidez; el cuerpo es el templo donde se rinde culto al amado.