La cordillera de los Andes como una enorme columna vertebral que sostiene nuestras identidades y diferencias en un trazado de historia compartida. Vértebras sobre un mapa dibujado a pulso y fuego en un viaje continuado que atraviesa fronteras para dar a territorios y paisajes (humanos) que son siempre el mismo a pesar de las distancias y los tonos diversos, los rostros variados y las múltiples geografías. - Luis Fernando Chueca