Cuando nos referimos a la mirada, no nos referimos al acto físico que hacemos al poner los ojos en las personas, sino a la percepción que tengamos de ellas, por ejemplo: ¿Cómo “veo” a mis amigos, a mi familia, a la gente con la que trabajo? ¿Los veo de manera objetiva? ¿O los veo de manera subjetiva, con una mirada muy orientada al defecto, a lo que “me hizo” en algún momento? ¿Cuál es “la mirada” que suelo tener cuando me dirijo hacia ellos?
Hace falta desarrollar esta mirada más profunda, más filosófica para poder tener un reconocimiento respetuoso y genuino del otro ser humano, hace falta desarrollar “sentidos interiores” que nos permitan ir más allá de las apariencias y las circunstancias para percibir en los demás sus profundos sentimientos e ideas elevadas.
"Hay un fondo de bondad en cada hombre y en cada mujer, y todo lo que conduzca a su expresión natural y a su expansión es la mejor ayuda que se puede prestar".