Este libro nació del corazón. No fue escrito para enseñar cómo vivir ni para ofrecer respuestas, sino para recordar que todos compartimos las mismas emociones: amamos, perdemos, soñamos, nos equivocamos, lloramos y, aun con el alma herida, encontramos la fuerza para seguir adelante.
Vivimos en una época en la que es fácil mostrar una sonrisa y difícil reconocer el dolor. Aprendimos a ocultar nuestras heridas, olvidando que la fragilidad también forma parte de nuestra humanidad. Quizá por eso nacieron estas páginas.