El desarrollo exponencial de la sociedad de la información ha propiciado una metamorfosis radical en las formas de criminalidad contemporánea.
El ciberespacio ha dejado de ser una simple herramienta tecnológica para constituirse en una nueva realidad criminológica: un entorno inmaterial, dinámico y deslocalizado que desafía las fronteras tradicionales del Derecho. En este ecosistema de hiperconectividad, el lucro económico se ha erigido como el motor primario de los ataques, convirtiendo al fraude económico en la “ballena blanca” y protagonista absoluto de la vasta mayoría de las infracciones cibernéticas a nivel global.