La función de una corte suprema determina, en buena medida, la forma en que se protege la igualdad, la seguridad jurídica y el desarrollo del derecho, esto es, tanto los derechos fundamentales y el debido proceso como las instituciones del ordenamiento jurídico. En esta obra, Daniel Mitidiero examina dos modelos de tribunal que han marcado la tradición jurídica contemporánea: la Corte de Control, orientada a la tutela de la legalidad y la uniformidad jurisprudencial, y la Corte de Interpretación, concebida como garante de la unidad del derecho mediante la construcción de precedentes. A través del análisis de sus fundamentos, estructura, competencias y efectos de sus decisiones, el autor muestra cómo cada modelo responde a distintas concepciones sobre el papel de las altas cortes. Un estudio de referencia para comprender los desafíos actuales de la justicia y la interpretación del derecho dentro de un Estado democrático.