Este poemario recorre los cementerios de la Ciudad de México como territorios de la memoria y la infancia, donde fotografías, nombres, juguetes y objetos abandonados permiten reconstruir historias que permanecen fuera de lo visible. Dividido en dos partes que alternan imágenes intervenidas y fotografías acompañadas por sus respectivos poemas, el libro explora la relación entre imagen y palabra, recuerdo e invención, para construir un cuerpo poético hecho de fragmentos. La autora se aproxima así a las infancias detenidas en el tiempo y, mediante la poesía como forma de navegación, crea nuevas rutas de memoria en las que los cuerpos de quienes ya no están y el suyo propio terminan por encontrarse.