Santiago tenía siete años y un corazón grande para ayudar a los demás. Pero una tristeza le apagaba el especial brillo de sus ojos. Se acercaba un día muy especial y él no iba a poder asistir como sus demás compañeros de colegio. Con tristeza se refugió en un árbol para, desde ahí, mirar la alegría de los demás.
Sumérgete en esta tierna historia de amistad, solidaridad y patriotismo.