La investigación formativa ocupa aquí el centro de una arquitectura conceptual y pedagógica amplia. La autora no la presenta únicamente como una preparación previa para investigar, sino como un proceso mediante el cual el estudiante aprende a observar, preguntar, analizar, contrastar y proponer. En este sentido, investigar no consiste en repetir fórmulas metodológicas ni en seguir mecánicamente una secuencia de pasos. Significa aprender a pensar con disciplina, reconocer los hechos de la realidad, construir conocimiento científico y convertir ese conocimiento en alternativas de desarrollo. Esta perspectiva recupera el sentido más profundo de la educación universitaria: formar profesionales capaces de comprender su entorno y actuar responsablemente sobre él.