Pocas instituciones del Derecho Civil ofrecen una prueba tan contundente de la distancia que a veces separa la teoría de la práctica como el contrato de arrendamiento. Se trata, sin exagerar, de uno de los contratos más celebrados en el tráfico jurídico peruano: está presente en la vivienda
familiar, en el pequeño negocio que recién empieza, en la oficina profesional, en el terreno agrícola que se explota por temporadas. Su omnipresencia, sin embargo, no ha sido acompañada de una comprensión igualmente extendida de sus reglas, sus límites y sus consecuencias. Todo lo contrario: pocas figuras generan tantas controversias interpretativas –y tanta litigiosidad efectiva ante nuestros juzgados– como esta.
Esa es, precisamente, una de las tantas virtudes que encuentro en esta obra: la elección de un tema que, por su aparente sencillez, suele subestimarse en los planes de estudio y en la literatura jurídica nacional, pese a ser, en la realidad, una de las principales fuentes de conflicto entre particulares. Basta con revisar las estadísticas de la carga procesal en materia civil para advertir que buena parte de los procesos de desalojo, de resolución contractual y de indemnización que ocupan a nuestros juzgados tienen su origen en un contrato de arrendamiento mal redactado, mal ejecutado o insuficientemente comprendido por quienes lo celebraron. Un libro que aborda esta institución con la profundidad que el lector encontrará en las páginas siguientes no es, entonces, un ejercicio académico más: es una herramienta que responde a una necesidad real y cotidiana del ejercicio profesional.