En esta novela hay que destacar varios valores como el desarrollo vital de dos personajes extranjeros disímiles: un japonés que forma una familia en el Perú y que se integra a su comunidad y un estadounidense que busca refugio en esa caleta para huir de su desastrosa vida en su país de origen. Y, en paralelo, los naturales de la caleta: costeños; y los que bajan de los Andes y se enfrentan al mar para ganarse el sustento diario. Además, hay que destacar el tratamiento adecuado y preciso de la oralidad. Este acierto confiere al texto una hermosa polifonía de voces.
No voy a incurrir en esa falta de tacto de contar el argumento de esta bella y breve novela que presenta diversos problemas de sobrevivencia, de explotación, de amores y desamores, de poder y de humillación, de desarraigo, de tragedias y también de situaciones de fino humor, pues entonces estaría sustrayendo al lector el placer de tener, a través de su lectura, una intensa experiencia vital y estética.